El
negro Manuel
Como
el número de devotos aumentó, don Rosendo construyó
cerca de su casa una pequeña ermita, la cual fue el primer
santuario de la Virgen de Luján. Permaneció desde
1630 hasta 1674 y tenía como fiel servidor a un negro, llamado
Manuel, quien desde joven fue traído de África y vendido
como esclavo en el Brasil. Tenía 20 años cuando llegó
al Río de la Plata y fue testigo de la milagrosa detención
de la carreta.
El negro Manuel, quien se consagró al servicio de la Imagen,
atendía la limpieza de la ermita y el ornato de "su dueña
y Señora". Cuenta la tradición que hacía
curas prodigiosas con el sebo de las velas que ardían junto
a la Imagen. También dirigía los rezos, y no se cansaba
de repetir las hazañas de su Señora que, según
él, salía por las noches para dar consuelo a algún
gaucho angustiado. De esas "escapaditas de la Virgen" el
negro Manuel guardaba los abrojos que desprendía del vestido
pues, a su entender, tenía el valor de reliquias.
Pasaron los años y al fallecer don Rosendo, su estancia, con
la ermita de la Virgen, quedó abandonada. Pero el fiel Manuel
no se acobardó y siguió prestando sus servicios a su
Señora.
No obstante, como el paraje se fue despoblando, los peregrinos que
concurrían a la ermita sufrían muchos inconvenientes
por falta de comodidades.
En este momento de la historia de la Virgen de Luján , en el
año 1674, aparece una figura clave: doña Ana Mattos,
viuda de Siqueyras. Esta señora poseía una gran extensión
de tierra a orillas del río Luján y , a quinientos metros
de la orilla, había levantado su casa a manera de fortín
, para protegerse del ataque de los indios.
Doña Ana Mattos concibió el proyecto de trasladar la
imagen de la Virgen a su casa, para que estuviera mejor protegida
y en lugar más accesible a los peregrinos. Luego de establecer
un acuerdo con el Cura Juan de Oramas, administrador de los bienes
de don Rosendo, llevó la Santa Imagen a su casa con la promesa
de edificarle a la brevedad una capilla. La imagen quedó instalada
en el mejor aposento de la casa y servía de oratorio.
Pero al día siguiente de su traslado, la imagen de la Virgen
desapareció y fue encontrada en la primitiva ermita. Volvió
por ella doña Ana Mattos y la llevó a su casa, y por
segunda vez desapareció misteriosamente para retornar a la
ermita.
Muy desconsolada quedó dona Ana y teniendo contrariar a la
Virgen, consultó sobre lo acontecido a las autoridades eclesiásticas
y civiles. Estas se trasladaron al lugar del hecho y, examinando detenidamente
todos los sucesos, resolvieron un tercer traslado de la Imagen. En
este traslado quisieron que el negro Manuel acompañara a la
sagrada Imagen, providencia que habían olvidado las dos veces
anteriores.
La Virgen no volvió más a la estancia de Rosendo.
A raíz de esta intervención la Autoridad Eclesiástica
tomó conocimiento de la devoción a la Virgen en ese
lugar y después de confirmar la veracidad de todo lo sucedido
autorizó oficialmente el culto público a la "Pura
y Limpia Concepción del Río Luján".
Como la afluencia de peregrinos fue incrementándose y eran
frecuentes las celebraciones presididas por sacerdotes, el santuario
de la casa de doña Ana iba resultando inapropiado para el culto
de la Virgen. En 1677 doña Ana Mattos hizo donación
del terreno sobre el que debía alzarse el nuevo templo, que
es el mismo donde actualmente se alza la Basílica Nacional,
y se empezó la edificación.
Enviale
esta pagina a un amigo