UNA
SONRISA
Una
sonrisa en los labios alegra nuestro corazón,
conserva nuestro buen humor,
guarda nuestra alma en paz,
vigoriza la salud,
embellece nuestro rostro
e inspira buenas obras.
Sonriamos
a los rostros tristes,
tímidos, enfermos, conocidos,
familiares y amigos.
Sonriámosle
a Dios con la aceptación
de todo lo que El nos envié y
tendremos el merito de poseer
la mirada radiante de su rostro
con su amor por toda la eternidad.
Las
palabras de Cristo son muy claras,
pero debemos entenderlas como una
realidad viviente, tal como El las propuso.
Cuando El habla de hambre,
no habla solamente del hambre de pan,
sino hambre de amor, hambre de ser
comprendido, de ser querido.
El
experimentó lo que es ser rechazado porque
vino entre los suyos y los suyos no lo quisieron.
Y El conoció lo que es estar solo,
abandonado, y no tener a nadie suyo.
Esta
hambre de hoy, que esta rompiendo vidas en todo el mundo
destruyendo
hogares y naciones, habla de no tener hogar, no solamente
un cuarto con
techo, pero el anhelo de ser aceptado, de ser tratado
con compasión, y que
alguien abra nuestro corazón para recibir al
que se sienta abandonado.
-Madre
Teresa, M.C.