Su
Pensamiento
Caridad y pobreza
He aquí lo que Jesús me enseña, demás:
"Da a quien te pide y si toma lo que os pertenece, no se
lo reclaméis" Lc 6,30.
Dar a todos los que piden es menos agradable que ofrecerse siguiendo
los impulsos de su corazón; cuando piden con amabilidad
no cuesta dar, pero si, por desgracia no se emplean palabras
delicadas, el alma se revela si no está firme en la caridad.
Encuentra mil razones para rehusar lo que se pide y solamente,
después de convencer a la que pide de su falta de delicadeza,
le da como un favor lo que le reclama, o le presta un pequeño
servicio, que hubiera exigido veinte veces menos tiempo de realizar
del que ha necesitado para hacer valer sus derechos imaginarios.
¡
Oh madre ! digo que es difícil, debería decir
que parece difícil, pues el yugo del Señor es
suave y ligero ( Mt 11,30). Cuando se le acepta, se siente su
suavidad y dice una con el salmista: "He corrido por la
vía de vuestros mandamientos desde que habéis
dilatado mi corazón"( Sal 118,32). Solamente la
caridad puede dilatar mi corazón. ¡ Oh Jesús!
Desde que esta suave llama lo consume, corro con alegría
por el camino de vuestro mandamiento nuevo...Quiero correr por
él hasta el día feliz en que, uniéndome
al cortejo de las vírgenes, pueda seguiros por los espacios
infinitos, cantando vuestro cántico nuevo ( Ap 14,3)
que será el del amor.
Pensaba yo: Jesús no quiere que reclame lo que me pertenece;
esto debería resultarme fácil y natural puesto
que nada me pertenece.
Los bienes de la tierra, renuncié a ellos por el voto
de pobreza, no tengo pues derecho a quejarme si me quitan una
cosa que no me pertenece; por el contrario, debo alegrarme cuando
tengo ocasión de sufrir la pobreza. En otro tiempo creía
no estar apegada a nada, pero desde que comprendí las
palabras de Jesús, veo que soy imperfecta en ciertas
ocasiones. Por ejemplo, en el estudio de pintura nada es mío,
lo sé muy bien; pero si, cuando me pongo a trabajar,
encuentro los pinceles y las pinturas en desorden, si ha desaparecido
una regla o un cortaplumas, estoy a punto de perder la paciencia
y tengo que armarme de todo mi valor para no reclamar con amargura
los objetos que me faltan.
Santa
Teresita|Datos|Oracion
|Anecdotas|Novena|Pensamiento|Reflexiones|Estampita
Enviale
esta pagina a un amigo