Óyenos,
¡oh Dios! Que eres nuestra salud, para que así como
nos alegramos en la festividad de tu bienaventurada virgen Teresa,
así nos sustentemos con el alimento de su celestial doctrina
y recibamos con ella el fervor de su piadosa devoción.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.