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Era
el favorito del emperador Dioclesiano y capitán de su guardia
imperial.
Generoso y bizarro en su conducta, afable y cortés
en las palabras y el trato, tan abnegado respecto de sí
mismo, como solícito cuando se trataba de sus semejantes;
se había ganado la simpatía de todos los que lo
trataban. Nadie dudaba de su lealtad al emperador, pero sabían
que era cristiano.
Usaba la autoridad que tenía para favorecer a los cristianos
en plena persecución contra ellos.
Aprovechaba todas las ocasiones posibles para anunciar a Jesús,
así logra que se convierta a la fe a Nicostrato, oficial
del juez Criomacio, a Claudio, alcalde de la cárcel y a
64 presos paganos, a otro Cromacio, vicario del prefecto a toda
su familia y esclavos( 400 que fueron bautizados y puestos
en libertad).
El emperador Maximiano, hombre tosco, sin educación alguna
se entera y tomó las creencias de Sebastián como
la más negra traición y le ordena sacrificar a los
dioses y ante la negativa manda asaetearlo, en el parque, atado
a un árbol, despojado de los distintivos de la milicia.
Lo dejan, dándolo por muerto atado al tronco, lleno de
flechas, derramando sangre. Irene, viuda del mártir Cástulo
lo halla vivo, lo lleva en secreto a su casa y lo cura.
El se presenta ante el Emperador que cree que resucitó
y allí lo condena a ser apaleado en el circo. Tiraron su
cadáver en un albañal, donde se arrojaban las inmundicias
de la ciudad. Milagrosamente se recupera su cuerpo y es enterrado
en las catacumbas . Era el año 288
San
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