
Visiones
Los
días antes de entrar al seminario fueron días de
visiones del Señor, que le prepararían para grandes
luchas.
Jesús le permitió ver a Pío el campo de batalla,
los obstáculos y enemigos. A un lado habían hombres
radiantes, con vestiduras blancas, al otro lado, inmensas bestias
espantosas de color oscuro. Era una escena aterradora y las rodillas
del joven comenzaron a temblar. Jesús le dice que se
tiene que enfrentar con la horrenda criatura, a lo que Pío
responde temeroso, rogándole al Señor que no le
pidiera cosa semejante de la cual no podría salir victorioso.
Jesús vuelve a repetir su petición dejándole
saber que estaría a su lado. El joven entonces entra en
un feroz combate, los dolores infligidos en su cuerpo eran intolerables,
pero salió triunfante. Jesús alertó a Pío
de que entraría en combate nuevamente con este demonio
a lo largo de toda su vida, que no temiera: "Yo estaré
protegiéndote, ayudándote, siempre a tu lado hasta
el fin del mundo".
El día antes de entrar al Seminario, Pío
tuvo una visión de Jesús con su Santísima
Madre. Jesús posa Su mano en el hombro del joven, dándole
valor y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María,
por su parte, le habla suavemente, sutil y maternalmente penetrando
en lo más profundo de su alma.
En otros momentos, el demonio solía
aparecérsele de distintas maneras. Algunas veces lo
hacía en la apariencia de animales, de mujeres bailando
danzas impuras, de carceleros que lo azotaban e incluso bajo la
apariencia de Cristo Crucificado, de su Ángel de la Guarda,
San Francisco de Asís, la Virgen María, también
bajo la apariencia de su director espiritual, su provincial, etc.
pero después de estos asaltos del demonio, era consolado
con éxtasis y apariciones de Jesús, la Santísima
Virgen María, su Ángel Guardián, San Francisco
y otros santos.