SAGRADO






Hijos espirituales

  El Padre Pío tenía, entre aquellos que se lo solicitaban, un grupo de hijos espirituales a quienes prometía asistir con sus oraciones y cuidados a cambio de llevar una vida fervorosa de oración, virtud y obras de caridad. Un día se le preguntó al Padre: "¿Jesús le mostró los lugares de sus hijos espirituales en el paraíso?". "Claro, un lugar para todos los hijos que Dios me confiará hasta el fin del mundo, si son constantes en el camino que lleva al cielo. Es la promesa que Dios hizo a este miserable". "Y en el paraíso, ¿estaremos cerca de usted?". "Ah tontita, ¿y qué paraíso sería para mí si no tuviera cerca de mí a todos mis hijos?". "Pero yo le tengo miedo a la muerte". "El amor excluye el temor. La llamamos muerte, pero en realidad es el inicio de la verdadera vida. Y luego, si yo les asisto durante la vida, ¡cuánto más los ayudaré en la batalla decisiva!".

  Un joven cuya madre lo llevaba a donde el Padre desde que éste era muy pequeño, un día, saliendo del convento, un coche lo atropelló por la espalda haciéndolo volar por los aires. Mientras éste volaba sobre el coche, sólo logró gritar: "Virgencita mía, ayúdame". Lo llevaron de inmediato al hospital y todos los exámenes mostraban que todo estaba bien, aunque no se explicaban de dónde provenía la sangre que había en su camisa.
  El joven fue hacia el convento para darle las gracias al Padre, que estaba rezando en el coro. "No me des las gracias a mí, le respondió el Padre, dáselas a la Virgen, fue Ella". Después de mirarlo con los ojos llenos de amor y con una gran sonrisa en los labios, le dijo: "Hijo mío, no te puedo dejar solo ni un minuto...".