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Anécdotas
de su niñez
Se levantaba de noche a hacer las oraciones que le había
enseñado su madre Facunda y quitaba parte de su comida
para darla a los pobres.
Anécdotas de la lucha por la conversión de su
hijo
Al ver a su hijo en la secta de los maniqueos, ora y llora por
él, un día va a hablar con el obispo rogando que
hable con Agustín, el obispo la consuela diciéndole:
"no es posible que perezca un hijo de tantas lágrimas".
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