
Su pensamiento
Las limosnas limpian los pecados
El
Espíritu Santo afirma y dice en las Escrituras: los pecados
se limpian con limosnas y fe. Claro que no se refiere a aquellos
pecados que se cometieron anteriormente al bautismo, pues ellos
se limpian con la regeneración y sangre de Cristo.
En otro lugar afirma de nuevo: Como el agua
apaga el fuego, así la limosna el pecado (Si 3, 33).
Aquí viene a decir que, así como con el baño
del agua bautismal se extingue el fuego del infierno, así
con las limosnas y obras santas se apagan las llamas de los
pecados. Y porque en el bautismo sólo una vez se perdonan
los pecados, la práctica continua e incesante de la limosna
de nuevo nos reconcilia con Dios a imitación del bautismo.
En el mismo Evangelio nos lo enseña el Señor:
cuando fueron reconvenidos los discípulos por comer sin
haberse lavado las manos, respondió así: "El
que hizo lo de dentro, hizo también lo de fuera. Dad
limosna y todo os será limpio" Lc 11,40. Reconozcamos,
por tanto, hermanos amadísimos, tan saludable don de
la bondad divina para purificarnos de nuestros pecados, y ya
que no podemos vernos libres de alguna herida en la conciencia,
procuremos curarlas con remedios espirituales.
No debe apartar, ni excusar, hermanos carísimos,
de las obras buenas y de la misericordia al cristiano el que
pueda alegar como pretexto el porvenir de los hijos, puesto
que en las dádivas espirituales debemos pensar que es
Cristo quien recibe, como él aseguró, sin
que prefiramos a nuestros hijos a los que son servidores como
nosotros, sino sólo al señor según sus
avisos y enseñanzas.
"El
que ama, dice, al padre o a la madre por encima de mí,
no es digno de mí; y el que ama al hijo o hija más
que a mí no es digno de mí" Mt 10,37.
Asimismo en el Deuterenomio, para sostener
nuestra fe y amor a Dios, está escrito lo propio: "Los
que dicen al padre o madre: no os reconozco, ni reconocieron
a sus hijos, éstos son los que observan tus preceptos
y guardan tu testamento" Dt 33,9 .
Pues, si amamos a Dios de todo corazón, no hay por
qué anteponer a Dios los padres ni los hijos.
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