
Anécdotas
Al ser detenido en la persecución de Valeriano por el
procónsul Paterno, éste le dice:
-Los santísimos emperadores, me han enviado cartas por
las cuales ordenan a los que no siguen la religión romana,
que observen para siempre sus ceremonias. Esta es la causa de
haberte llamado ¿qué respondes?
Cipriano contesta: -Que soy cristiano y obispo. No conozco
más dioses que el único Dios verdadero, el
que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos;
el Dios a quien servimos los cristianos y a quien rezamos día
y noche por nosotros, por todos los hombres y por la salud de
los emperadores.
-¿Perseveras en esta voluntad? Preguntó Paterno
-Una voluntad buena no puede cambiar dice Cipriano
-¿Podrías, en consecuencia, marchar desterrado
a la ciudad de Curubis?
-Marcho
-Se han dignado escribirme, no solamente con respecto a los
obispos, sino también a los sacerdotes. Quisiera, por
tanto, saber de ti los nombres de los sacerdotes que moran en
esta ciudad.
-Con vuestras leyes habéis prohibido la delación,
y así no puedo descubrirles ni traicionarles. Les podrás
encontrar en sus casas.
Lo llevan un tiempo a Curubis.
Asombroso
Cuando vinieron a detenerlo por última vez el procónsul
Galerio Máximo le pregunta:
- ¿Tú eres Cipriano?
-Yo soy
-¿Tú te has hecho papa de estos hombre sacrílegos?
- Sí
- Los santísimos emperadores han ordenado que sacrifiques
- No lo hago
- Reflexiona
- En una causa tan justa no hay reflexión posible. Haz
lo que te han mandado.
Galerio
dice: "Ordenamos que Cipriano muera por la espada".
Una muchedumbre siguió a los soldados hasta el lugar
de la ejecución.
Cipriano cayó de rodillas, se quitó el manto y
rezó con el rostro pegado en tierra. Se sacó la
dalmática y cubierto sólo con una túnica
de lino esperó al verdugo. Cipriano ordena que le den
a éste 25 monedas de oro. Se vendó los ojos, un
sacerdote y un subdiácono le ataron las manos y allí
fue decapitado. Era el 14 de septiembre del año 258.
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