SAN
BEDA EL VENERABLE
Felipe
Santos
Este santo es conocido en su tiempo como el más
sabio de todos los hombres de Iglesia. El, sin embargo, a pesar
de que nunca había salido del monasterio, dominaba las
ciencias y las letras con gran conocimiento.
¿Quién era este joven?
Era un huérfano de Wearmourth. A los siete
años le fue confiado a san Benito Biscop, abad del monasterio
de la localidad. Como le suele ocurrir a los niños huérfanos,
encontró en este sitio el lugar en donde desarrollar su
afecto y su personalidad, a falta de padres.
Su verdadera familia desde entonces fue la amplia
y extendida familia benedictina.
A medida que fue creciendo, el abad lo envió
con cargos de responsabilidad para fundar monasterios juntamente
con san Geolfrido. La más conocida de cuantas abadías
fundó fue la de Jarrow.
Tanto le gustaba esta abadía que prefirió
permanecer en ella por el resto de su vida. En ella se distinguió
como un monje ejemplar en todo cuanto hacía, pensaba y
escribía.
Tenía muy presente la ley de san Benito "Ora
et Labora" (Reza y Trabaja).
De hecho, él supo armonizar perfectamente el
trabajo manual de panadero con la ferviente oración y la
entrega al estudio.
Cuando se lee su obra escrita, se constata que es
una recopilación de extractos antiguos. De hecho, la biblioteca
del monasterio se convirtió en la más rica de cuantas
había en Inglaterra por aquella época del siglo
VIII.
¿Qué contenía en esencia?
Había obras comentando la Biblia o exegéticas, obras
de carácter histórico, libros de liturgia y muchos
otros de poesías.
Es, sin duda alguna, el primer historiador de Inglaterra
desde sus orígenes hasta el año 731.
Cualquiera que estudie la historia de Europa, no puede
menos que ir a consultar esta biblioteca. Introdujo el conocimiento
de los Padres latinos en este país y fue el primero en
emplear el inglés en sus escritos en lugar de la lengua
latina. Su obra le valió el título de Venerable.
Murió mientras dictaba una traducción inglesa del
Evangelio según san Juan.
¡
Felicidades a los que lleven este nombre!
"Se
puede matar al soñador, pero no al sueño" (Abernathy).
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