ACEPTACIÓN DE LA ENFERMEDAD I
Señor
Jesús, la enfermedad ha llamado a la puerta de mi vida: una
experiencia dura, una realidad difícil de aceptar. No obstante,
te doy gracias por esta enfermedad: me ha hecho tocar con la mano
la fragilidad y la precariedad de la humana existencia. Ahora miro
todo con otros ojos: lo que soy y lo que tengo, no me pertenece,
es un don tuyo. He descubierto qué quiere decir depender,
tener necesidad de todo y de todos, no poder hacer nada solo.
He
vivido la soledad y la angustia, también el afecto y la amistad
de tantas personas.
¡Señor!,
aunque me es difícil, repito: "¡Hágase
tu voluntad!".
Te
ofrezco mis sufrimientos y los uno a los de Cristo Crucificado.
Bendice
las personas que me asisten y las que sufren por mí. Amén.