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San
Roque
¡Oh,
Glorioso Roque!,
a quien el Todopoderoso concedió la gracia especial de
librar de la peste a los pueblos afligidos con tan espantoso
azote; cuya virtud fue objeto de admiración en la misma
Roma, a donde fuisteis cuando estaba tocada de aquel mal, empleando
vuestro valimiento con el Señor para que de él
la librase, como así lo hizo; presentad nuestras súplicas
al trono del Altísimo, interesándoos por nosotros,
para que por vuestros méritos e intercesión nos
preserve el señor de semejante calamidad, y seamos libertados
así de ella como de todo lo que pueda turbar nuestra
tranquilidad, y sernos de obstáculo a la salvación.
Amén.
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