Jesucristo
,fundamento de nuestra esperanza por san Alfonso María
de Ligorio
Para
alcanzar la perseverancia final en el bien obrar, no debemos fiarnos,
ni de nuestros propósitos ni de las promesas que hemos hecho
a Dios, porque si nos apoyamos en nuestras propias fuerzas, estamos
perdidos. La esperanza que abrigamos de conservar la gracia de Dios
en nuestro corazón debe estribar en los méritos de
Jesucristo; apoyados en su favor y ayuda, perseveremos hasta la
muerte, aunque por todas partes nos veamos combatidos por los enemigos
de la tierra y del infierno. A las veces nos sentiremos tan asaltados
y abatidos por la tentación, que nos daremos ya por perdidos;
procuremos no desalentarnos en tan ruda lucha, ni demos entrada
a la desconfianza; acudamos a Jesús crucificado, y
nos sostendrá para que no caigamos.
El Señor permite que hasta los santos tengan que sufrir tan
deshechas tempestades y temores. San Pablo tuvo que padecer en Asia
tan grandes aflicciones y angustias, que llegó a decir :
"los males eran tan excesivos y tan superiores a nuestra fuerza,
que nos hacían pesada la misma vida". Al declararnos
con esto el Apóstol hasta dónde llegaban sus propias
fuerzas, nos insinuó de paso que Dios, a veces, nos
deja caer en la desolación, a fin de que tanteemos nuestra
natural flaqueza y, desconfiando de nuestras fuerzas acudamos con
humildad a implorar la gracia y asistencia divinas para no sucumbir.