Sacramento
de la reconciliación

Antes de confesarte examina tu conciencia con la guía que
te sugerimos.
Arrepiéntete sinceramente .
Dile al sacerdote todos los pecados sin ocultar ninguno especialmente
los graves.
No busques justificarte ni culpar a otros. Sé sincero y humilde.
Expresa a Dios y ante el sacerdote el propósito de no pecar
más.
Acepta humildemente la penitencia que te dé el sacerdote.
Guía
para el examen de conciencia
Comenzar
preguntándote qué te mueve para acercarte a este sacramento:
¿Buscas tranquilidad, cumplir un precepto o un sincero deseo
de conversión?
A-
Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas
tus fuerzas...
¿Está mi corazón orientado hacia Dios, de tal
manera que con verdad y en la vida práctica lo ame sobre
todas las cosas?
¿He
mantenido firme mi opción por el Evangelio de Jesús
como estilo de vida y he sido fiel a las gracias recibidas? ¿Estoy
animado por la esperanza de la Vida Eterna?
¿He
dado firme testimonio de mi fe en Jesús y en la Iglesia?
¿Me he mostrado abiertamente como cristiano en la vida pública
y privada?
¿He
actuado contra mi conciencia por temor o hipocrecía?¿Rechazo
con energía y decisión las tentaciones, las situaciones
que atentan contra la fe, las ocasiones de pecado y de todo lo que
enfría o detiene mi fidelidad a Dios Padre?
¿Me
he preocupado por progresar en mi relación con Dios? ¿Qué
lugar tiene en mi vida la oración personal, la lectura de
la Palabra de Dios, la lectura espiritual, la participación
de los sacramentos? ¿Desarrollo y valoro suficientemente
la entrega, los ofrecimientos al Señor, el ayuno?
¿Procuro
vivir en oración el día o lo vivo disperso y naturalmente?
¿Expreso
reverencia y amor al Nombre de Dios o lo he ofendido con blasfemias,
juramentos falsos o indebidos?
¿He respetado el día del Señor (domingo) como
día de descanso y oración?
¿Expreso
comunitariamente mi fe en la Eucaristía (Misa) dominical,
procurando participar activamente? ¿Se ha desgastado mi conciencia
y adoración de la presencia eucarística de Jesús?
¿He
tratado de mirar las alternativas de la vida desde la Voluntad de
Dios, aceptando mi existencia y las situaciones que no puedo modificar,
con serenidad y esperanza? ¿Los dolores, sufrimientos, enfermedades,
persecuciones, me ayudan a acompañar a Jesús crucificado
o me mueven a la queja, la rebeldía y la violencia?
¿Tengo supersticiones, creo en los horóscopos, o he
consultado a personas que dicen adivinar el futuro (tirar las cartas,
astrólogos, etc )?
¿Trato
de trabajar mi naturaleza desde el Espíritu Santo en especial
las malas inclinaciones, la pasión desordenada y el placer
egoísta?
¿He
guardado mis sentidos y todo mi cuepo como templo del Espíritu
, manteniendo el orden de mi sexualidad evitando la impureza, la
glotonería, los vicios, las palabras y pensamientos indignos,
malos deseos y acciones?
¿He
frecuentado lecturas, conversaciones, espectáculos o diversiones
contrarios a la honestidad humana y cristiana?
b-Amense
profundamente unos a otros porque el amor cubre todos los pecados
( 1 Pedro 4, 8)
¿Tengo verdadero amor a mi prójimo o he abusado de
mis hermanos utilizándolos para mi provecho personal, o haciéndoles
lo que no deseo para mi mismo? ¿He sido para otros causa
de escándalo u ocasión de pecado?
Como
padre o madre ¿me he preocupado por la educación evangélica
de los hijos y los he ayudado con el testimonio y la caridad fraterna?
Como
esposo o esposa ¿He sido fiel a mi cónyuge en mis
deseos y relaciones con los demás?
¿He
despreciado al prójimo especialmente a los pobres, los débiles,
los ancianos, los extranjeros o los hombres de otras razas?
Si
tengo algún cargo o ejerzo autoridad ¿uso de ello
para mi interés personal o en bien de los demás y
con espíritu de servicio?
¿He mostrado a las autoridades legítimas el respeto,
más allá de las posibles discrepancias?
¿He
sido fiel y veraz? ¿He perjudicado a los demás con
palabras falsas, calumnias, detracciones, juicios apresurados, violaciones
de secreto?
¿He
causado daño a la vida, la integridad física, la fama,
la honra o los bienes de los demás? ¿Les hice algún
daño?¿He aconsejado o procurado el aborto? ¿He
odiado a alguien? ¿Soy propenso a las peleas, la ira, la
enemistad?
¿He
rehusado culpablemente por egoísmo dar testimonio de la inocencia
del prójimo?
¿He robado, dañado o deseado injusta o desordenadamente
los bienes del prójimo?
¿He procurado restituir lo ajeno y reparar el daño?
¿Guardo
rencor, odio o deseo de venganza? ¿He estado dispuesto a
perdonar y pedir perdón aún a los que me han hecho
mal?
¿He
sido soberbio y jactancioso, creyéndome superior a los demás?
En
la comunidad cristiana donde estoy inserto dentro de la Iglesia
¿He sido motivo de desunión, discorida o rivalidades?
¿He construido la comunidad con mi presencia, mi compromiso
servicial y fraterno? ¿He desempeñado con generosidad
y caridad el servicio o el rol que me fue confiado?
¿He resuelto las dificultades desde el diálogo, al
reconciliación y la corrección fraterna? ¿He
favorecido la competencia, la desvalorización de los demás
o la marginación de los que no me resultan más cercanos?
¿He tenido actitudes de queja, murmuración o crítica
destructiva?
c-Patrones
y obreros: Amen el trabajo que dignifica al hombre; respeten los
mutuos derechos y cumplan con las propias obligaciones. Políticos,
economistas, industriales y comerciantes, científicos y técnicos,
periodistas y publicitarios, hombres todos: recuerden también
que se les pedirá cuenta del uso que hicieron de ellos y
de la civilización que han desarrrollado sobre la tierra
que debemos cuidar y no destruir.
¿Qué
uso he hecho del tiempo, las fuerzas y los dones que he recibido
de Dios? ¿Mi orden de vida es el que Dios quiere para mi?
¿He
exigido mi cuerpo en exceso sin cuidar el descanso? ¿He sido
ocioso y perezoso?
¿Me
he preocupado por el bien y el progreso de la Comunidad humana dentro
de la cual vivo, o solamente de mis ventajas personales?
¿He
participado según mis posibilidades en la promoción
de la justicia, la honestidad de las costumbres, la concordia, la
caridad en la sociedad humana?
¿He cumplido los deberes cívicos he pagado los impuestos
que contribuyen justamente al bien común?
¿He sido justo, responsable y honesto en mi trabajo, profesión
u oficio, prestando con amor mi servicio a la sociedad? ¿He
pagado a los obreros y a los que me sirven el justo salario? ¿He
cumplido las promesas y contratos? ¿Me he dejado contagiar
por criterios o acciones de corrupción (deshonetidad, mentira,
robo) ?
]
¿Administro mis bienes económicos con criterios evangélicos,
tratando de discernir lo que Dios quiere de ellos? ¿Me adueño
o apropio del dinero, ropa, propiedades y demás pertenencias
sin estar dispuesto a compartirlos si es preciso?
¿Vivo con lo necesario o poseo bienes superfluos?
¿He utilizado desordenadamente, destruido sin razón
o afectado con perjuicio para otros los bienes de la creación?
¿Participo o colaboro en estructuras laborales, sociales,
políticas o culturales injustas o de pecado?
El
Amor de Dios es un amor más poderoso que el pecado, más
fuerte que la muerte. Cuando nos damos cuenta de que el amor que
Dios nos tiene no se detiene ante nuestro pecado, no se vuelve atrás
ante nuestras ofensas sino que se hace más solícito
y generoso, cuando somos concientes de que este Amor ha llegado
incluso a causar la Pasión y la muerte del Verbo hecho carne,
que ha aceptado redimirnos pagando con su sangre: de nuestro corazón
sale un grito "Sí, el Señor es rico en misericordia;
el Señor es misericordia".