Amor
conyugal es
Amar
es complacer, regalar, satisfacer; pero también es exigir,
pedir. Porque no son dos ángeles los enamorados, sino dos
seres humanos que deben luchar con esfuerzo para poder así
gozar de su amor.
Cada uno ha de complacerse, agradarse y gozarse en las cualidades
positivas del otro y éstas han de ser exigidas.
De otra manera el amor primero se va esclerotizando, hasta morir
a causa de un pequeño trombo expresado en una fricción
cualquiera. Cada uno ha de mejorar, con la ayuda del otro, en el
camino de la madurez personal. El desarrollo del amor es paralelo
al de la madurez, y no pueden darse dos desarrollos, intolerablemente
distantes, porque acabarían distanciando los núcleos
de la personalidad de los enamorados. Ambos deben custodiar vigilantemente
el ir a la par en el desarrollo de su personalidad.
Todo hombre necesita del concurso de otro para completar su ser.
En el matrimonio cada cónyuge ayuda al otro a que acabe o
complete su ser personal, materializando una praxis tan extensa
e inteligente como sea posible, sostenida por la tenacidad que únicamente
puede dar el amor. Bien puede valorarse la calidad del amor conyugal
por la mejora que implica para sus protagonistas.