
Esta devoción, recordemos no es a una imagen de yeso,
ni metal tela o cartón, sino que honramos a la infancia
de Jesús, a los doce primeros años de su vida,
todos los méritos que El ganó para nosotros
en su niñez.
Origen
Se
inicia en el Monte Carmelo donde frecuentemente iba el niño
Jesus con sus padres y abuelos a pasear y a rezar y los
piadosos hombres que allí iban a orar le tomaron
gran cariño y luego que el redentor resucitó
y ascendió a los cielos, fueron llevando su devoción
a todas partes.
Muchos santos fueron devotos al Divino Niño: Antonio
de Padua, Cayetano, Teresa de Jesús, Juan de la cruz
y Teresita del Niño Jesús.
Los padres carmelitas y las hermanas carmelitas, siguiendo
el ejemplo de sus santos fundadores (Teresa y Juan de la
Cruz) se han propuesto propagar donde quiera que llegan
la devoción al Milagroso Niño Jesús.
En el año 1636 Jesús le promete a la venerable
Margarita del Santísimo Sacramento "Todo lo
que quieras pedir, pídelo por los méritos
de mi infancia, y tu oración será escuchada".
En
Andalucía un religioso carmelita ve al Niño
y hace una estatua de su visión. Esta estatua, en
el 1556, es obsequiada a una princesa que viaja a Checoslovaquia
a casarse.
Esta imagen es revestida, más tarde con los lujosos
vestidos de su hijito. Al morir la princesa queda la imagen
como herencia a los carmelitas. Esta devoción se
hace popular en Praga.
Se extiende por toda Europa y después a América.
Divino
Niño
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